Un día diáfano.
Gus se dispuso a enchufar los tramos de su caña, mientras soñaba con prender un doradillo bagual.
Su entusiasmo y amor por la pesca, la convicción hecha piel en la defensa de nuestro mundo natural, y esa condición de amigo fiel, aviva aún más mi cariño por él.
Somo inseparables compañeros de pesca,...¡que digo!, ¡más todavía!,...somo hermanos de los anzuelos.

Me encanta estar a la vera de un rio, y escuchar la música de la cascadita mientras voy dándole diseño al conjunto mosquero.
¡Haaaaaaaa!,...y ese calorcito en el rostro del sol Correntino que no tiene precio.
¿Cómo no enamorarse de la pesca?,...¡claro que cautiva!,...si somos cientos de miles de millones los seres vivos que en ese momento participamos del edén (aunque algunos son tan chiquititos que no son visibles a la vista de los humanos,...pero están, se que están).

Las piedras se dejaban acariciar por las aguas veloces. Bello romance desde hace toda una vida. ¡Qué fidelidad!,...¡qué fidelidad!,...por los siglos de los siglos.
En esa euritmia, ...-algún doradito debe estar (coincidimos con Gus).
Elegimos los lugares para depositar nuestras moscas. Le dimos y le dimos, pero nada.
El arroyo Batel se mostraba con menos caudal (lo tiene muy bajo) aún que anteriores visitas.
Hay un déficit de 500mm de lluvias, reportan los informes (dramática escasez).
Pero, ¡ a no rendirse!. De esto vosotros saben.
Deslumbrando toda esa inquietud de "chiquilín" rebelde.
Del otro lado, Yo,...creyéndome invensible en ese debate entre pescado y pescador. No obstante, en todo ese trayecto desde el pinchazo a la costa, cualquiera podría resultar "derrotado",...¿Derrotado?, si es un término convencional, pero en realidad en la pesca no hay vencedores ni vencidos cuando el "lingote de oro con escamas" regresa a casa (lo bauticé: "Español". En homenaje a h´nos de los anzuelos del otro lado del Atlántico).-
Un afectuoso sapukay.-