anuncios clasificados Los Pasos Del Pescador (Ñánde Corrientes porâ): caballo
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martes, 3 de noviembre de 2009

¡¡¡¡¡REENCUENTRO CHAMIGO!!!!!!!




Hermanas/os de los anzuelos:
Esta salida la quise publicar en su momento, pero por razones técnicas no disponía de las fotos.
Enorme emoción me da hacerlo ahora, a pesar del tiempo transcurrido(no mucho, por cierto) .
¡¡¡Pude hacer volar mis moscas para que las recibiera en sus "brazos" mi amado Batel!!!.
¡¡¡Qué felicidad infinita!!!.
Aquel día, 27/07/09, transcurría el invierno pero con una temperatura agradable.
¡¡¡Un día fantástico!!!, a pleno sol, muy poco viento, apenas una brisita que nos acariciaba a todos quienes deambulábamos por el lugar.
Él estaba allí, muy "flaquito",...pero ¡¡¡VIVO!!!.
¡¡¡Bateeeeel!!!,... ¡Querido "hermano de los anzuelos", qué alegría verte chamigo!.
Fué la expresión que me nació de muy adentro de mis sentimientos al llegar junto a él.
Ya sé que no me escucharía y aún menos respondería,...o sí,...él tiene su lenguaje natural y con él "habla".



Apenas perceptible era su discurrir, como sacando voluntad de las entrañas mismas., por ser vagual, ...naturalmente vagual. Así vivirá por siempre, lo sé.

Las que sí se mueven a sus anchas son las Karumbés (en lengua guaraní: tortugas). Parecen distraídas, pero a poco que perciben el acercamiento hacia ellas de algo que consideran extraño,...¡bluuum!, se zambullen dejando "dibujos" en movimiento sobre la superficie del canal, ja, ja, ja.

Durante media hora caminé por sus orillas escuchando cada sonido y gravando cada imágen en mis retinas.
Aaaaaaaaaa, pero llega la hora del hambre y hay que comer, ja, ja, ja.
Me acomodé es sus barranquitas, más altas que nunca por la seca.
Busqué lo que había alzado para el morfi, y escuchando unos chamamés que "salían"de mi pequeña radio-compañera. Mi ser se hinchaba de felicidad como un aerostático gigante.



Qué placer y disfrute ser parte de todo el entorno. Algunas garzas en "su mundo" por allí, varias aves revoloteando, cantos de otras tantas, y curiosos caballos lentamente acercándose para quedarse observándome y brindarme companía a pocos metros.
Estábamos todos en "casa".

Con el estómago algo cargadito, proseguí dando pasos de pescador por el "camino de toro". Así llaman al senderito marcado por los vacunos a metros del cauce. De tanto transitar por el mismo lugar el terreno se "pela" y queda la ruta,...el "camino de toro".
Cada tanto, paseaba mi mosca intentando pescar algo.

Descubrí una Palometa al borde del agua. Su lomo sobresalía la superficie. Si hay un pez voráz por excelencia es la Palometa. Eso sí, un pique y mosca destrozada. Su potente dentadura y la manera que encastran al cerrar sus fauces, producen el mismo efecto que una guillotina.
Igualmente me dispuse a sacrificar una mosca. Quería sentir la pesca en mi amado Batel.
Un falso cast y mosca al agua. Cayó frente a su narina,...y nada. Dos intentos más sin respuestas.
Mmmmmmm, me dije, si no se avalanza la Palometa, esto viene muy duro, ja, ja, ja.
Tal vez el agua muy fría la aletargó, tal vez estaría en sus finales por la escasa oxigenación del agua, talvez,..muchas conjeturas podría hacer.

Reanudé mi periplo, encontrando restos, producto del impacto de la bajante extrema (hoy estaba con más nivel por lluvias pasajeras de días anteriores). Son presas fáciles de las garzas y cigueñas.
Llegué a un meandro donde "tropecé" con restos de un Vacuno muerto. Otra víctima más de la y severa sequía y falta de buenas pasturas.
Buscando entre sus huesos di con lo pretendido. Una taba. Este hueso con el cual los gauchos pasaban lindos momentos de diversión en cada pago rural. Costumbres ancestrales de juegos y apuestas.



Tomé la taba (hueso) y comencé a arrojarla por los aires unos 5/6mts. para luego de caer ver qué me deparaba el azar. Suerte o culo ( mala suerte), así se designa según la cultura gauchesca. Me entretuve un gran rato, ja, ja, ja. Estaba hecho todo un gaucho de siglos pasados, ja, ja, ja. ¡¡¡De timbas con Batel!!!.
¿La verdad?...para el festejo del encuentro,...¡¡¡Vale!!!,..¿O no?. ¡Que sea festivo, sí señor!. ¡¡¡Viva Batel!!!.

Reanudé mi caminar por sus costas.
El azul-celeste de sus aguas me colmaban de alegría, ¡qué feliz estaba!, aunque no haya pescado nada todavía.
Decidí, volver sobre mis pasos y recorrer en sentido contrario.
Mientras abanzaba escrutaba cada lugar que su cauce me lo permitiera.
Me alejé muchísimo, quería recorrer lo más que el tiempo me lo permitiera.



Mis ojos dividían el tiempo entre descubrir un lugar que invite al lance y los pastos para advertir alimañas. Y allí estaba la bella. Una preciosa Ñacaniná. Son muy agresivas y de "pocas pulgas", si bien no son de veneno mortal. Eso sí, cuando se lo proponen, muerden bien, ja, ja, ja, ja.
Quieta estaba como haciendo un "piquete" ("cortando" transversalmente) en el "camino de toro". Al pisar serca, se deslizó hacia abajo por la barranca y los yuyos.
Demoré mis pasos de pescador, para deleitarme con su reptar armonioso. Desde criatura me fascina ver desplazarse a los ofidios. Sus dibujos en el cuero también me atraen mucho.
Cuando se enojan (Ñacaniná), ensanchan su cuello y emiten un sonido semejante a un resoplar, algo así como un ¡¡¡ffsssss!!!, ¡¡¡ffssss!!!.
Fué lo que hizo, es que entre ella y yo estaba la entrada de su cueva. Allí quería dirigirse. Así lo hizo finalmente.

Continué. Llegué hasta una nueva curva. El lugar me pareció propicio para unos lances.
Cambié de mosca. Coloqué una semejante a una libélula, en colores verde(cuerpo goma eva y cola) y negro (alas). La colita trenzada. Ojos de perlitas azul oscuro. Era lo único que tenía semejante a un insecto.
Dejé profindizar (nada ortodoxo en la pesca de libélula) rascando el fondo y ¡¡¡ZASSS!!!, una pintoresca Vieja del agua la tomó. Es un pez que para nada ofrece "combatividad", pero en ese momento era como haber enganchado un "Lingote de oro con escamas" de 18 kg. con un equipo # 4. ¡¡¡¡QUE FELIIIIIICIDAD!!!!!!, pesqué nuevamente en el Batel. ¡¡¡Gracias hermano querido!!!!
Podrá parecer una exageración, pero para nada lo fué para mí.
Batel estaba muuuuuyyyy "flaquito"(poco nivel), tenía un enooooorme pobreza material, pero, como esos amigos de la vida a los cuales no le a ido bien económicamente pero que contienen una inagotable riqueza espiritual, Batel, mi chamigo de toda la vida, desde que era niño, esta vez y como siempre, me "recibía con los brazos abiertos, y con su inconmensurable generosidad me permitía gozar en el extremo de mi línea a uno de sus tesoros (vieja del agua-pez limpiafondos)rescatado de su "pobre billetera", y además, ... me regalaba toda su infinita bondadad haciéndome sentir más pescador que nunca.
¡Una pesca que jamás olvidaré!. Por toda la connotación que tuvo.
Llegó la hora de despedirme, y solo le dije ,...¡hasta la próxima chamigo Batel!.-

Desde la provincia de Corrientes, Argentina,
Con el cariño de siempre,

Muchos chamamés,
Un abrazo gigante y,...
Un afectuoso sapukái.
Leo Kutú.-
p/d: Hoy la sequía y altas temperaturas (hasta más de 40º calor), nuevamente castigan con dureza la zona.-

martes, 24 de marzo de 2009

¡¡¡¡¡¡EL PUENTE!!!!!!,...¡¡¡¡¡¡EL PUENTE!!!!!!! (2º Parte)

Nuestro amigo el monte nos cobijaba en señal de sumarse a la bonita aventura.
El, con todo su misterio y riqueza propia, allí incólume disfrutando vernos pasar.
Gus estaba a sus anchas, yo también.

Esta geografía me hizo retroceder muchos años. Por mi mente pasaron infinitas imágenes de cuando niño acompañaba a cazadores amigos de mi padre, que gustaban meterse por picadas (galerías ) de tantos montes recorridos. Me imaginé chiquilín correteando por allí. Recuerdos, solo recuerdos.
Nuevamente Batel en mis pensamientos. Ansiaba verlo, saber cómo estaría.
Mucho anduvimos en el interior del monte descubriendo lugares por donde pasar y esquivando plantas que mejor no tocarlas,...¡hayyyy!!.
De pronto el oído y visión agudos de Gus detectó lo que posiblemente fué un ciervillo entre el follaje. No alcanzamos a verlo. Son muy astutos y huidizos. Igualmente nos alegró mucho saber que no estábamos solos.
Los cantos de los chajáes advertían que estábamos serca.

Heché una mirada escudriñadora y,...¡¡¡¡¡¡EL PUENTE!!!!!!!,...¡¡¡¡¡¡EL PUENTE!!!!!!, grité repetidamente.
Los ojos se nos desorbitaron, reíamos de afelicidad, nos miramos abrazándonos espiritualmente.
Paépa y Pirá no fueron ajenos, movieron sus patas para destacar sus emociones. Claro que sí, ellos eran protagonistas centrales también en llegar a Batel.

¡Batel, hermano querido!,... quedé mirándolo, sin moverme por unos minutos.
¡Qué felicidad!,...¡Qué felicidad!.
Después de tanto trajín, nuevamente todos juntos.
Estábamos aún alejados de su márgen.
Mi imaginación hizo que viera agitarse sus olas y escuchar el ngululu (murmullo de la corriente). Nos estaba recibiendo.
Al acercarnos y llegar a él, su generosidad calmó la sed de Paépa y Pirá.
Para percatarnos que sus aguas discurrían debíamos fijar la mirada en una hojita o algo flotando, de lo contrario se veía todo como aguas estancadas. Está en terapia intensiva, pero vivo. ¡¡VIVIRÄ!!.
Con Gus aseguramos los cabestros (en mi zona los llaman cabrestos, por esas cosas de la deformación en el habla popular), para que los "montados" (caballo del hombre de campo) no se nos alejen y puedan pastar tranquilos.

Si los "monos" no tienen árboles suben a un puente, ja, ja, ja.
Estábamos tan felices que poniendo en práctica habilidades de antaño, trepamos al puente (diseño francés, pero construidos por los ingleses a fines del 1800, proyecto y ley de los legisladores Nacionales, Isaac Chavarría, Justino Solari y Felipe Yofré).


Desde allí, cual gaucho en un mangrullo, miramos allá ité (lejos) donde los esteros generaban esa "savia" tan vital para mantener vivo a Batel.
A pesar que no se puede visualizar desde allí, tampoco quisimos acercarnos, como cooperando para una pronta y tranquila recuperación de Batel.
Al encontrarlo vivo, teníamos la certeza que el estero está con agua. Era suficiente para nosotros.
Detrás del canal que se aprecia, bien al fondo estan los esteros, ahí nomás, unos 2000 metros.
Qué bonito era ver desde las alturas a Pirá y Paépa alimentándose en su mansedumbre,...claro,...Batel estaba ahí, juntito a ellos.
Me emociona ver unidos a mis hermanos de los anzuelos.


El Sol, nos regaló sus últimos rayos, tenía la paz de vernos a todos bien.
Con el mismo cariño con que nos acompañó, resolvía irse,...lentamente, ...como el vuelo del chajá (chaha-la H se pronuncia J en lengua guaraní). Ave del lugar, su planeo es suave como una caricia. Lleva su nombre por ser la onomatopeya de su canto, ¡chajá, chajá, chajá!. Es uno de los sonidos más hermosos que me gusta escuchar cuando me aproximo a estas regiones de pesca.
Debíamos partir. La noche se "aproximaba" y largo sería el regreso. Lo sabíamos.
Controlamos con Gus, que todo esté en orden y firme, frenos, bozales, cinchas, aperos en general.
Montamos nuevamente entusiasmados. El regreso sería a oscuras y en las sombras. La luna "saldría" más tarde.
Nuevamente dimos de beber a los "pingos". Me despedí de Batel, dentro de no mucho tiempo seguramente lo vería corretear y regalarme sus correderitas. Aquí mostró algunos movimientos de peces.
¡Chau chamigo Batel!,...¡hasta muy pronto!...(chamigo = mi amigo)
Comenzamos a cabalgar. A poco de andar, no pude contenerme y miré hacia atrás.
Lo ví junto al puente, me imaginé mirándomé con melancolía, querría que quede un rato más junto a él,...no podía, debía volver ( yo también quería seguir allí).

El regereso en la noche fué hermosa. Otras casi tres horas de cabalgata.
El cuidado había que tener en no rozar uno de estos tallos. Su pinchazo son como puñaladas, ja, ja, ja.,...y ser ejecutado no era mi voluntad, ja, ja, ja.

La misma ruta, pero con otro "color". Los animalitos y aves nocturnas le ponen todo el mágico encanto. Así nos encontramos con un simpático pero de gran carácter: zorrino. Es mejor no ser salpicado por su orín,...es insoportablemente fuerte,...puajjjjjj. Es una reacción defensiva a que apela cuando pretende alejar a su potencial agresor.
Pasada una hora y algo más, jasy (luna- se pronuncia algo así: yasg) se presentó con toda su dulzura. ¡Que preciosa es la luna vista en el campo!.
La noche acentúa los olores de bosta (estiércol), espartillo (es una hierba del campo) y animales salvajes. Aaaaaaaaaaaa, es un cóctel natural que llenan los pulmones y el alma.
Hablando de todo un poco, matizábamos el trotecito fiel de Pira y Paépa mientras nos acercábamos a nuestros hogares.

Las primeras luces del pueblo eran vistas cada tanto.
¡Qué contentos estábamos!. Pudimos visitar a Batel.
Los perros de la casa del abuelo de Gus, anunciaron nuestra llegada.
Atrás quedaban casi siete horas de aventura, amor, amistad, reencuentro, y esperanza,...saber que Batel vivirá y me hará gozar del vuelo de una mosca, el salto de un "lingote de oro con escamas", momentos compartidos con hermanos de los anzuelos, y tantos otros "mimos" a los que me acostumbró.
Seguramente, tendría un hermoso sueño.
Cerré los ojos y fuí felíz.
Un afectuoso sapukay.
Leo Kutú.-

jueves, 12 de marzo de 2009

¡¡¡¡¡¡EL PUENTE!!!!!!,...¡¡¡¡¡¡EL PUENTE!!!!!!! (1º Parte)


Una vez lo dije, y me permito reiterarlo: A los amigos o "hermanos de los anzuelos", no se los avandona. (ver:¡CUÁNTO TE EXTRAÑO AMIGO BATEL!!!!!!!!!)
Estén donde estén, cueste lo que cueste, debemos acudir por ellos. Ellos siempre estarán esperándonos, porque también saben que, estén donde estén, sus amigos harán lo imposible por estar donde deben estar, ...junto a ellos.
Batel se fué, pero no murió.
Entonces en algún lugar permanece esperándome.
Con Gus, mi inseparable compañero de aventuras, nos planteábamos, dónde buscarlo.
Estaba seguro que, como nosotros cuando niño, al estar enfermo acudiría a su "vientre de orígen", los esteros.
Sin dudarlo me dije,...¡Siiiiiiiiiii!, los esteros, allí estaría recuperando fuerzas.
Pero claro, por agua no se podría, esta no existe.
Nos quedaban dos vías, por aire o por tierra.
Nuestras posibilidades estaban limitadas a la vía terrestre (obvio).
Tendríamos otro obstáculo. No hay accesos en automóviles o algo semejante, y la distancia es muy, muy larga.
Uno de estos tantos días en que me pasaba pensando cómo haría para visitarlo, se me ocurrió.
¡A caballo!,...¡Siiiiiii, a caballo!.
No lo dudé más. Apenas Gus visitó mi casa (lo hace a diario, es novia de mi hija Vero), se lo comenté.
Inmediatamente, me respondió, ¡ Siii, vamos!. Gus desde niño y por varios años, desempeñó tareas en el campo. Las conoce muy bien. Su otra pasión es domar novillos, hoy Vero (mi querubín) no se lo permite por temor a que resulte lastimado; es natural, lo ama.
Para el día elegido, debía traer del campo uno de los caballos, "Paépa" (en idioma guaraní:¿qué tal? o ¿cómo andas?, primer saludo al encontrarnos con alguien), el montado (así denominan en la zona al equino que le sirve de medio de transporte a diario) de su abuelo. Al otro (caballo) ya lo tenía consigo, "Pirá" (pez). Confieso que ambos no tenían nombre, estos los elgí para la ocasión. Tal vez les quede para siempre.
No queríamos esperar más, de tal modo que, el día estaba decidido. Saldría yo de dictar clases en el colegio secundario (16:30 hs.), avisaría a Gus y vendría por casa con los caballos listos para montarlos y partir. Sin tiempo que perder, ni en meriendas, habría oportunidad al regreso.
La travesía sería larga, casi tres horas de cabalgata por lugares agrestes, tiempo igual para volver...¡Cómo me gusta!,...¡Cómo me gusta!.
El pensamiento que nos "veríamos" junto a Batel, nos llenaba de entusiasmo.
¡Partimos!!!. Miramos el reloj y marcaba las 17:00 hs., hermosa tarde, eso sí, en esta época (verano) con varios grados de temperatura sobre los 30º, el sol pega de lo lindo, ja, ja.
No importa, por Batel, vale el esfuerzo.
No llevamos ningún elemento para pescar, nuestro único bolso portaba un termolar con agua para calmar nuestra sed. Es que no ívamos a pescar, nuestro cometido era el reencuentro con Batel, allá en sus orígenes.

Al cabo de mucho andar, llegamos al primer puesto (casa donde vivieron el personal de una estancia-establecimiento ganadero-para controlar sectores de campo). Los propietarios poseen grandes extensiones, por lo que requieren de estas construcciones cada tantas hectáreas para facilitar el control de sus haciendas. Puesteros se llama al personal que realiza esa función laboral viviendo allí. Es habitual que lo hagan junto a sus familias (esposas e hijos, estos concurren a las escuelas rurales donde cuenten con ellas). Familias sacrificadas si las hay.
La travesía prosiguió. El entusiasmo era muy arraigado en nosotros. Teníamos toda la naturaleza salvaje para disfrutarla.

Pasó el tiempo y llegamos al segundo puesto. Recorrimos un largo trecho desde la inicial salida.
Hasta aquí, la ruta nos era conocida, ahora todo sería descubrimiento y sorpresas.
En el lugar tropezamos con el primer impedimento serio, un alambrado sin paso. Gus se encargó en adaptarlo para tal fin, de no ser por él allí hubiera terminado nuestro peregrinar. ¡Qué pena !.
Reiniciado el paso de "Paépa" y "Pirá", nos adentramos a un sector de mucho peligro para ellos. En el lugar abundan los tatúes y estos son de construirse sus cuevas. Debíamos avanzar muy, muy despacio a pesar de cubrir una larga distancia. Si se apura el paso, al meter la pata en los agujeros resultarían lastimados. Tardamos mucho, pero seguros.

En ese tránsito, nos encontramos con la primer aguada. En esta época de sequías agudas, existen muy pocas. El ganado tiende a reunirse en sus cercanías por ese motivo.
El calor del sol seguía siendo algo cruel con nosotros. Grandes sorbos de agua calmaban nuestra sed.

La vegetación comenzaba a hacerse notar de una manera diferente. Iniciábamos la zona de montes y pastos altos.
En ocasiones debíamos apoyar nuestros pechos sobre la montura, para pasar justos por debajo de las ramas de los innumerables arbustos. Inevitable era sentir, la más que caricia de sus maderas, ja, ja. dejandonos algún recuerdo en nuestras pieles.
Pero todo valía por ver a Batel.
En mi caso montaba a "Paépa", Gus lo hacía sobre "Pirá".
¡Qué noble animal es el caballo, cuánto afecto les tengo!.
Protagonistas indispensables para intentar hacer realidad nuestro sueño. Nos llevan a cuestas sin manifestar disconformidad alguna, son únicos en tanta entrega.
Si hasta por momentos nos marcan el camino, nos indican con su voluntad por dónde es mejor hacerlo,...¡Cuánta bondad!.
Del otro lado del alambrado el campo se mostraba limpio, pero no teníamos cómo acceder a él.
Nuestra visión nos devolvía malas noticias.
El monte se "cerraba" y una vez más estábamos ante un escollo que nos dejaría fuera de la aventura de llegar a Batel.
Mientras avanzábamos, hacíamos infinitas disquisiciones con Gus.
Empezábamos a plantearnos que deberíamos dejar a "Pirá" y "Paépa".
Esto me daba mucha tristeza. Igualmente la decisión era llegar aunque sea a pié. Aún faltaba mucho y se presentaba otro inconveniente, no alzamos botas y las víboras son de cuidarse de ellas. Se nos estaba complicando todo.
El calor seguía pegando con su particular rigor. Pero ese olor a campo y salvajismo nos nutría intensamente.
De pronto cuando ya casi la misión se abortaba, una milagrosa mirada hacia la izquierda y,...¡Eureka!,...postes del alambrado casi derrumbados.
¡Nuestra salvación!, ...por allí ingresaríamos´. La esperanza renació. Se nos iluminaron los ojos.
Así lo hicimos con sumo cuidado para que no tropezaran los caballos. En estas ocasiones cuando se sienten enredados, se alteran y pueden dañarse físicamente. Esto no estábamos dispuestos a posibilitar.

Ya nos encontrábamos del otro lado. Los pajonales y pastos altos (caá guazú: hierba alta. Caá: hierba. Guazú: grande. Se traduce para el caso: pastos altos) hacían sentir su presencia, el monte también.
Buscando limpiones dentro del monte avanzamos lentamente. La vegetación se tornaba muy alta. En un momento tuvimos que orillear una zona de fango, agua y pasto. Lugar éste muy riesgoso. A simple vista se presenta como una linda pradera, pero esconde una trampa natural. Se debe saber leer la morfología del lugar para no caer en ella.
De pretender traspasar por ese punto, los caballos se empantanarían hundiéndose hasta la panza, requiriéndose de otro animal en tierra firme para tironearlo con sogas como un malacate y rescatarlo. El ganado en su búsqueda de buenas pasturas suelen caer allí, y si no se los saca, perecen en el lugar ya que queriendo salir por sus medios, más se entierran.
A espaldas de Gus se aprecia ese sector blando con un color verde diferente.
Seguimos adelante, con mucha alegría acompañados por la sonoridad del canto musical de los pájaros, las voces de las bestias y otros sonidos del monte, un deleite para los oídos.

Si antes la hierba era alta, ahora lo era más aún, tanto que casi nos hacía desaparecer a caballo y jinete.
Por delante quedaba mucho recorrido a pesar de lo largo del tránsito hecho.
Estábamos enteros, físicamente, de espíritu, de salud y pensábamos solamente en el reencuentro con Batel, allí en el puente del ramal ferroviario (hoy en desuso). Era el punto de referencia y la meta. Sabía que por debajo de él, las aguas de Batel estarían. Generaba esperanza y la energía suficiente para seguir.
Varias veces estuve en ese lugar (El Puente), aunque siempre el acercamiento lo hice por agua, cuando el canal de Batel rebozaba de vida. ¡Qué lugar encantador y lleno de misterio!
Allí se confunden en un abrazo, monte, arroyo (que en otro lugar sería considerado un río), pescador, fauna, flora, etc.. Abrazo único, entre hemanos de los anzuelos.
El puente fué construido en el siglo antepasado. Ya volveré sobre algo más de historia.
El monte se entramaba por delante nuestro, las plantas altas y espinosas emergían como un ejército de custodia, los cardos en el piso también, pero debíamos llegar. Por un momento fué como si hablaran, ¡"Los dejaremos pasar, no se aflijan, los dejaremos pasar"!. Ellas (las plantas) habían decidido colaborar en la misión, al fin y al cabo, somos todos amigos.
Batel nos estaría esperando con esa fe del chamigo (en lengua guaraní: mi amigo)que sabe que tarde o temprano, sus afectos estaríamos junto él.
Con Gus, reiterábamos la búsqueda de lugares más accesibles.
En algo el calor había menguado. Nuestro hermano de los anzuelos, El Sol, también consideraba darnos una mano para el reencuentro. ¡Gracias Chamigo!.
Otro par de tragos refrescaron nuestras gargantas.
Por un momento, entre bromas y recuerdos de otras aventuras vividas, vimos en nuestros rostros la expresión más acabada y mejor "dibujada" de la felicidad.
Sabíamos que llegaríamos,...no se como,...pero llegaríamos.
Un afectuoso sapukay.
Leo Kutú.-
(Continuará)